Qué visitar

Patrimonio Monumental de San Felices de Buelna

Patrimonio munumental de San Felices de Buelna En nuestro municipio de San Felices de Buelna existen numerosas muestras de otros monumentos como la portalada timbrada que da acceso a la Casa Palacio del Conde las Bárcenas, del siglo XVIII, en el pueblo de Mata o la de González de Quijano en el pueblo de Rivero, siglo XVIII, donde igualmente se encuentra la casa solariega de Juan de Campuzano y Cos con portalada y casona timbrada del siglo XVIII. En Sovilla hallamos las casonas y portalada de las antiguas familias González del Rivero y González de Quijano y Campuzano y en Tarriba los conocidos como palacios de García Bárcena y el de San Jorge.

En fin, el patrimonio, con la variedad tanto en casonas montañesas de los siglos XVI al XVIII, como palacios, portaladas timbradas y escudos heráldicos, lo convierten en uno de los más atrayentes de nuestra región y dejan entrever su rico y esplendoroso pasado.

De todos ellos, nos centraremos como ejemplo en la Casa-Palacio de San Jorge, situado en el pueblo de Tarriba, se levanta esta casona de principios del siglo XVIII. Presenta una planta cuadrada con dos alto ras y tejado a cuatro aguas, con fachada orientada al sur. En la parte interior de este palacio se encuentran dos arcos de medio punto enmarcados por pilastras estriadas, que dan acceso al soportal, en el que se ubica la puerta adintelada de acceso a la vivienda.

Son de destacar las cuatro torteas que custodian los esquinales y que desempeñan una doble función: como contrafuertes para reforzar el edificio y para embellecimiento del mismo, reminiscencias de la arquitectura militar medieval.

La fachada principal, las torteas y el enmarcamiento de todos los huecos abiertos en todas las fachadas, están realizados en piedra de sillería, el resto, corresponde a construcción de mampostería.

Patrimonio Prehistórico

Cueva Hornos de la Peña

Esta cueva, una de las más importantes de la región, se halla ubicada en el pueblo de Tarriba, camino del Monte Tejas, pudiendo acceder a la misma con total comodidad. Fue descubierta en el año 1903 y visitada en 1924 por S.M. el rey Alfonso XIII siendo declarada Zona Arqueológica y Monumento Histórico Artístico Nacional el 25 de abril de ese mismo año. En 2008 fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la HUNESCO.

Sus grabados rupestres, de época Paleolítica, fueron descubiertos por Herminio Alcalde del Río, siendo excavado su yacimiento arqueológico entre los años 1909 y 1910 por el “Institut de Paleóntologie Humaine” de París, bajo la dirección de los más prestigiosos prehistoriadores de la época: Obermaier, Breuil y Bouyssonie.

Tiene unos 200 metros de longitud, con un vestíbulo que comunica, a través de una gatera, con una galería amplia que termina en una sala compleja.

Este santuario de arte rupestre alberga grabados de sumo interés para el estudio del arte paleolítico con toros, bisontes, caballos, cabras,… representando un tipo análogo a la de Altamira y de esta época discrepa únicamente en no contener imágenes coloridas.

La cueva tiene un conjunto exterior en un bloque suelto y en la pared derecha del vestíbulo, con varios motivos animalísticos realizados a trazo grueso y profundo. El conjunto interior tiene grabados incisos y varias pinturas negras.

El conjunto exterior lo componen un caballo y un bisonte acéfalo (destruido en los años 50 al realizarse el cierre de la cueva). El conjunto interior es uno de los más amplios del Cantábrico, destacando los grabados incisos representando generalmente caballos y bisontes de gran tamaño.

Del resto del patrimonio prehistórico, cabe hacer mención a las cuevas situadas en el pueblo de Sovilla, en la carretera que va hacia Las Caldas de Besaya. Se trata de cuevas con interesantes grabados rupestres, pero su estado de conservación no es tan bueno como para poder establecer un régimen de visitas, aunque la importancia de la obra es notable. Declaradas Bien de Interés Cultural.

Régimen de visitas

HorarioMeses de verano
Información y reservas942 598 425

Campamento Romano de Tarriba o de Las Cercas

El campamento romano de Tarriba es un hallazgo arqueológico realizado por Federico Crespo García-Bárcena en el año 1997. Su camino de acceso es a través del pueblo de Tarriba (San Felices de Buelna), y ha sido declarado Bien de Interés Cultural en el año 2001 con la categoría de Zona arqueológica.

El yacimiento se localiza en la cima del monte La Collada, por el que se traza la divisoria municipal entre San Felices de Buelna y Puente Viesgo. Es un emplazamiento muy destacado en el paisaje y de indudable valor estratégico, puesto que domina las cuencas de los ríos Pas y Besaya. Su entorno visual entra en contacto directo con el yacimiento de Cildá (entre Corvera de Toranzo y Arenas de Iguña).

El llamado campamento romano de San Felices es un recinto alargado que se articula siguiendo la orografía del terreno, a lo largo de un kilómetro aproximadamente y con una anchura que ronda los 200 metros.

Existen dos zonas bastante bien diferenciadas que constituirían dos recintos adosados de planta rectangular y esquinas redondeadas, cuyas estructuras defensivas -muralla circunvalada por un foso simple- presenta diferencias constructivas según la zona.

Cuenta con al menos cinco puertas en clavícula identificables sobre el terreno (de las que se ha excavado una con seguridad y en la que son visibles posibles agujeros de postes).

El recinto sur presenta un relieve más abrupto, pues la roca del sustrato aflora en la mayor parte de su superficie y además es el punto más alto del yacimiento (más de 700 metros). Buena parte del perímetro sur y suroeste muestra grandes canchales de ladera que nos indican la existencia de un potente lienzo de muralla de grandes bloques de caliza.

Esa línea defensiva bien definida y realizada con materiales sólidos y perdurables se puede seguir -de manera más o menos continua- por la ladera oeste del monte hasta el recinto norte.

Los límites del yacimiento por el Este son más difusos, pese a que el relieve en buena parte de su trazado es más suave que en la ladera opuesta. Apenas se puede seguir una línea de foso y algunas zonas donde el terreno parece dibujar una estructura defensiva realizada básicamente con tierra, de ahí las dificultades para su conservación y por tanto para el seguimiento de su recorrido.