Qué visitar

Torre de Pero Niño

torre pero niño san felices de buelna

En el pueblo de Sovilla, protegida por el macizo del monte Dobra se encuentra la torre–fortaleza de La Aguilera o de Pero Niño, I Conde de Buelna, en el siglo XIV ya se constata su existencia, hoy alberga un museo de sitio. Fue declarada Bien de Interés Cultural en 1983.

Distribución del museo:

Planta baja

Tomando como pretexto el libro “El Victorial” se teje el discurso que incorpora en la una presentación del patrimonio comarcal, cuevas prehistóricas con gravados, los castros o el campamento romano.

Primera planta

Introduce en una torre medieval, en los libros de caballería y en una pirámide feudal mediante recursos gráficos, juegos ópticos, teatro virtual con hologramas, volúmenes tematizados e interactivos sonoros, de pantalla táctil.

Segunda planta

Es una gran escenografía, con personajes ataviados según la época.

Tercera planta

Despliega el ciclo biográfico de Pero Niño, con sus campañas en el Mediterráneo y el Atlántico. Su visita es imprescindible para los visitantes, pero sobre todo para los escolares.

Régimen de visitas

HorarioSegún época del año
Información y reservas942 598 425

la encina de mata en san felices de buelnaLa Encina de Mata

Árbol centenario situado en el pueblo de Mata, protegido por la Conserjería de Cultura del Gobierno de Cantabria.

Cientos de años y unas dimensiones extraordinarias hacen que sea uno de los símbolos del Ayuntamiento.

Castros Cántabros

Declarados Bien de Interés Cultural con la clasificación de Zona Arqueológica. Ubicados en el macizo del Monte Dobra controlando el valle, denotan la fuerte presencia del legendario pueblo cántabro en Buelna. El Castro de Lleras, el de Pico Toro y el de Peña Mantilla están encuadrados en la edad del hierro, sin duda los tres hicieron frente a las legiones del campamento romano de Tarriba también llamado de las Cercas.

Castro Las Lleras

El Castro de Las Lleras fué descubierto por J. Arozamena en los años 70.

Las estructuras arqueológicas se disponen en la ladera norte del pico, cuya cota máxima ronda los 470 metros, a media ladera; siguiendo el eje norte-sur a su pie se desarrolla una pequeña vaguada.

Por el flanco sur el recinto es prácticamente inaccesible, debido a las fuertes pendientes que se elevan dominando el valle. En niveles algo más bajos en el flanco suroeste, en el collado de acceso y cerca del arranque de la muralla, se pueden observar círculos de piedra a ras de suelo cuyo origen no se puede determinar en un reconocimiento visual, pero que se asemejan a las estructuras realizadas por los ganaderos para enterrar a las reses muertas, cubiertas con piedras para evitar que otros animales puedan desenterrarlas.

En el Norte se identifica una posible entrada y un terraplén sobre el que se levantó una muralla de la que se conserva, no más de un centenar de metros; es difícil calcular la potencia original de la misma puesto que se ha desmoronado en todo el perímetro visible, formando canchales de ladera parcialmente enmascarados por la vegetación. Paralela a ésta existe otro lienzo en el interior, que configura una doble línea defensiva, cuyo límite por el oeste viene dado por los restos de una posible pared, que en la actualidad sólo son canchales; su largura es de una cincuentena de metros y adosada a ella, en el área próxima a la cima, se constituye una pequeña explanada.

Puede observarse un tramo de lienzo muy bien asentado sobre unos potentes afloramientos naturales que cierran el extremo norte del recinto, que domina el paso a la valleja que le separa del siguiente espolón del relieve. El mencionado muro se ha construido superponiendo en una perfecta disposición a hueso los bloques de caliza hasta alcanzar una potencia de casi 1,5 metros de altura.

En la zona este se conservan estructuras muradas más recientes que deben relacionarse con la división de pastos.

Castro del Pico del Toro

El Castro del Pico del Toro, descubierto en 1977 por R. Bohigas, posee una situación estratégica inmejorable puesto que controla la cuenca del Besaya y las vías de comunicación históricas. La zona superior es una llanura en lo alto de la cima que proporciona buenas condiciones para un asentamiento. Es un recinto casi circular por cuyo flanco sur-suroeste la pronunciada pendiente le proporciona su defensa natural. Por el norte es un descenso suave y el oeste cuenta con un rellano inmediatamente antes del ascenso a la cima. Así pues el este parece su punto más accesible.

La superficie total acotada se calcula en unos 5000 metros cuadrados, aunque la habitable debió reducirse a la dolina limitada por el muro que proporciona unas condiciones de protección de las inclemencias metereológicas y de posibles agresiones exteriores.

En superficie se observan restos de elementos constructivos del tipo de ladrillos, tejas curvas, clavos y losas de arenisca, lo que hace más incierta su cronología, dada la dificultad de establecer dataciones estilísticas sobre estos artefactos.

Aunque el paisaje actual está fuertemente alterado por las vías de comunicación y especialmente por el efecto altamente destructivo de las canteras que explotan la falda del monte, una observación detallada del relieve aún nos permite identificar una vía de acceso a media ladera, que en su momento ofrecía un acceso relativamente practicable hasta el castro, aunque dado el desnivel fácilmente defendible desde su altura.

Castro de Peña Mantilla

El Castro de Peña Mantilla es el castro más recientemente descubierto en 1998 por Federico Crespo García-Bárcena.

Se encuentra en la cima del paraje conocido como Peña Mantilla, en situación dominante sobre el yacimiento de Pico Toro. Por la ruta de acceso señalada se encuentra en primer lugar un lienzo de muralla derrumbado, que cierra el lado este del recinto y se orienta de norte a sur. Esta muralla se extiende entre dos picos naturales de la caliza, y desde el más alto de ellos, al sur y sobre la ladera de San Felices, gira hacia el oeste y se sigue su traza por toda la cresta, apreciándose en varios puntos su derrumbe sobre la ladera sur.

Al llegar a la siguiente cota más alta, reaparece como muralla de notables dimensiones en el descenso a la vaguada que sube de Las Caldas al Prado de Juan Roiz, donde gira de nuevo al sur cerrando la ladera de acceso más suave. En ella, una profunda y estrecha canal del lapiaz de la zona como vía de acceso al interior del recinto, que desde ese punto se continúa a través de relieves naturales por todo su lado norte. Este sector norte está defendido de manera natural por paredes verticales de profundas dolinas que forman el interior del recinto y lo dividen en ámbitos diferenciados.

El espacio cerrado por este dispositivo es de reducidas dimensiones y no parece muy adecuado para vivienda permanente de un grupo más o menos amplio. Sin embargo, ocupa una posición de acrópolis, dominando todos los accesos a la zona desde cualquier punto -incluyendo los pasos tradicionales desde el sur de la sierra- y parece más bien destinado a una función de acogida de grupos asentados en la zona y ligados a la actividad pastoril, posiblemente estacional.

Las brañas situadas al norte y noroeste del recinto son de gran calidad, y accesibles desde los valles limítrofes, por lo cual debieron tener gran importancia en la economía tradicional de la zona. Hay en ellas cercados de piedra antiguos y una zona en la que no cabe destacar algún tipo de asentamiento.

Parece formar parte de un dispositivo de fortificación del paso por la vaguada, del que pudo haber formado parte el recinto del Pico del Toro.