Breve reseña Histórica

EL VALLE DE BUELNA

Los primeros indicios de ocupación humana del valle se remontan a unos 100.000 años de antigüedad, y son los materiales achelenses (Paleolítico Inferior) aparecidos en las terrazas fluviales de San Felices de Buelna. En el Paleolítico Superior también hubo poblaciones humanas en la zona, con sendas cuevas con arte rupestre en el municipio de San Felices: Hornos de la Peña y Sovilla. La primera, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, se puede visitar previa reserva. En el extremo más oriental del Dobra, en el Pico Castillo de Puente Viesgo, existen otras cuatro cuevas con arte rupestre paleolítico también declaradas Patrimonio de la Humanidad: El Castillo, La Pasiega, Las Monedas y Las Chimeneas. De manera que esta zona compone un núcleo de cuevas prehistóricas de excepcional importancia.

De los cántabros que habitaron el valle en el primer milenio antes de Cristo nos han quedado tres castros en el Dobra (Pico Toro, Peña Mantilla y Las Lleras), y otros dos en el Cueto de Somahoz y la Garita Collado (Los Corrales de Buelna). Y también las famosas estelas circulares, dos de las cuales se conservan en Barros y otras dos en el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (MUPAC), en Santander, procedentes del barrio corraliego de Lombera. Los romanos ocuparon el valle hacia el año 26 antes de Cristo, y de esa campaña contra los cántabros en la que participó el propio emperador Octavio Augusto se conservan vestigios de un enorme campamento romano en Campo las Cercas, en la divisoria municipal entre San Felices y Puente Viesgo. Por entonces se debió construir también la calzada que comunicaba Pisoraca (Herrera de Pisuerga, Palencia) con Portus Blendium (Suances), y de la que se conserva un tramo en el monte Fresneda, en Los Corrales de Buelna. En las proximidades del Pico la Capía (Dobra) también apareció un ara votiva de época romana dedicada a un dios cántabro, Erudino, lo que revela la pervivencia de cultos indígenas a pesar de la romanización.

En la Alta Edad Media el valle se documenta con el nombre de Olna, cuya o inicial diptongó resultando la evolución Olna > Uelna > Buelna. En el siglo X casi todo el valle dependía de la abadía castellana de Covarrubias (Burgos), aunque el pueblo de San Mateo lo hacía de la abadía campurriana de Cervatos, cercana a Reinosa. Pero en la Baja Edad Media el señorío de abadengo dio paso a otro laico, detentado por una rama lateral de la Casa de la Vega, los Niño de la Vega. Así en el siglo XV el principal señor feudal del valle fue Pero Niño, Conde de Buelna y Almirante de Castilla, que mandó la flota del Cantábrico en diversos combates navales contra los ingleses. Su torre medieval, llamada de La Aguilera o de Pero Niño, se conserva restaurada en San Felices y alberga un interesante museo sobre este curioso personaje y su época.

Sin embargo en los albores de la Edad Moderna este señorío pasó después a otra poderosa familia, los Manrique, que eran marqueses de Aguilar de Campóo y condes de Castañeda, permaneciendo esa situación hasta principios del siglo XIX. En esos siglos la mayor parte de la población vivió de la agricultura y la ganadería, pero también se desarrollaron otras actividades, como la carpintería y la cantería, gozando de especial fama los canteros de Buelna. La introducción del maíz en el siglo XVII –procedente de México- y de otros cultivos americanos, revolucionó la agricultura de las zonas bajas de Cantabria y dio lugar a un importante crecimiento económico, que se manifestó en la construcción de la mayor parte de las casonas e iglesias que se conservan en el valle. El retorno de indianos también fue origen de algunas fortunas locales, aunque la mayor parte de los emigrantes no tuvieron tanto éxito. La construcción del Camino Real de Santander a Reinosa a mediados del siglo XVIII, situó al Valle de Buelna en el principal eje de comunicaciones de Cantabria, paso obligado de las harinas castellanas que se embarcaban en el puerto de Santander, y de los productos ultramarinos que llegaban al mismo y se subían por dicho camino hacia Castilla, todo en carretas de bueyes. Todavía se conservan en Barros y Los Corrales sendos leguarios de este histórico camino.

En la segunda mitad del siglo XIX se produjo una verdadera transformación del Valle de Buelna, atravesado por el ferrocarril de Santander a Alar del Rey, inaugurado en 1866 y prolongado hasta Palencia, Valladolid y Madrid. Ello propició la instalación de industrias en la comarca, con algunas fábricas de harinas y, sobre todo, la primera gran industria siderúrgica de Cantabria, Forjas de Buelna, inaugurada en Los Corrales en 1873 por iniciativa de José María Quijano. Desde entonces el valle se convirtió en una zona industrial, la mayor parte de la población compaginó el empleo en la fábrica de los Quijano con las actividades agrícolas y ganaderas, y la población creció de forma muy notable, sobre todo en Los Corrales. En la primera mitad del siglo XX hubo una creciente conflictividad social, que tuvo su apogeo en los años 30 con la revolución de octubre de 1934 y la gran tragedia de la Guerra Civil de 1936-1939, que afectó al Valle de Buelna con particular dureza. Desde entonces la economía local ha seguido dependiendo principalmente de la industria, y también de los servicios, perdiendo peso las actividades ganaderas que tradicionalmente se desarrollaron. A comienzos del siglo XXI se ha abierto la autovía Cantabria-Meseta, que atraviesa el valle de norte a sur y le asegura una magnífica comunicación con las principales áreas urbanas e industriales del norte de España, quedando pendiente la mejora de la infraestructura ferroviaria.